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Javier Fuentes.
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- 07/05/2011 a las 18:49 #57081FranTorrejon wrote:Es que por un lado yo iba a ir en el proximo relevo, de ahi el saber que no se envia a nadie, y por otro la amistad desde hace años con la mujer de uno de los que llegaba hoy sabado jejejejejeje07/05/2011 a las 18:50 #57082luispa wrote:NACEN PARA ACOSTUMBRARSE A SOBREVIVIR
Una vez recuperado el sueño, buenamente perdido, tras unos agotadores días de trabajo en Haití quiero escribir unas líneas que sirvan de agradecimiento para todos los que allí estuvimos. Para los que acudíamos por primera vez a una catástrofe como esta la generosa fortaleza de los más experimentados nos sirvió de estímulo y acicate para intentar ponernos a su altura. Gratificante ha sido la labor conjunta de todos los servicios allí desplazados y un ejemplo espléndido de trabajo en equipo.
La base española se encontraba junto al destacamento de los robustos americanos, que como ya se preveía, no iban a quedarse sólo un par de semanas. Diario era el trasiego de sus aviones “Galaxi” descargando material y tropa. Mañana y noche oíamos el ruido de sus helicópteros “Bell” y “Black Hawk” despegando a escasos 600 metros de nuestros sacos. Unos sesenta éramos los españoles en el campamento de la AECID, entre miembros de SAMUR, DYA, EPES, GREA, Bomberos en Acción y SUMMA. Y todos trabajando a una. Sin apenas conocernos siempre había dos manos que acompañaban a otras. Junto a nosotros un grupo de traumas húngaros que habían venido por su cuenta desde Budapest tras irse los cinco mexicanos de la policía federal que aguantaron desde los primeros días. Gran recuerdo me llevo de Xavier, nutricionista del DF, que dejó la clínica de adelgazamiento en donde trabajaba para colarse en un avión y llegar hasta aquí. Él asistió a las primeras embarazadas. Y de Gabriel, Traumatólogo húngaro que rápido aprendió a decir “pásame la Ketamina”.
Nuestra llegada, una semana después del terremoto, aun nos hizo ver parte del desastre. El «paseo» diario hasta el hospital recorría calles donde las casas habían quedado desmontadas como tablero de ajedrez. Mil veces peor describían el centro de la ciudad los que lo habían visto.
Imagino que el primer grupo sufriría en mayor medida la desolación. Ellos, junto a los sanitarios voluntarios cubanos, chilenos y colombianos volvieron a poner en marcha el Hospital Universitario La Paz, que había quedado al resguardo de las hermanas paulinas. Situado a unos veinte minutos en coche del centro de Puerto Príncipe y a unos diez del aeropuerto este hospital se había visto en pocos días poblado de gente sin hogar, acampadas a su entrada con apenas dos hatillos como únicos bienes. Aun después de casi tres semanas del gran temblor muchos haitianos duermen en la calle por temor.
Casi a diario había réplicas de madrugada, pero en el campamento apenas las distinguíamos. Nos dijeron que si trabajando las sentíamos y éstas duraban más de cinco segundos, sin pensarlo había que salir a los patios interiores y rezar. Más rezábamos para que no fuera necesario. Curioso resultaba también otro de los procedimientos de evacuación: A los más altos nos encargaron de la bandera. Si fuera preciso abandonar con precipitación este lugar debíamos llevarla con nosotros hasta la base de helicópteros, pues ella sería la señal para la evacuación. Bandera para la salvación…cuando, como en la canción, creía que “no había para mí, más bandera que las sábanas que cubrían el cuerpo de mi mujer”.
En el hospital los primeros días fueron realmente impactantes. Todos sentíamos por momentos ese shock que nos dejaba inmovilizados y sin capacidad de reacción, moviéndonos de un lado a otro sin saber realmente lo que debíamos hacer. Los gritos, los llantos, el miedo. Desbordados ante el tumulto de gente a atender y más sabiendo que alguno no llegaría a la siguiente noche. Tumbados en el suelo, muchos apenas podían caminar. Los huesos de sus piernas y brazos habían crujido sin distinción de sexo o edad. Las amputaciones eran muchas veces irremediables. Lo peor los niños, con su llanto chiquito, sucio de barro, huérfanos de padres y de consuelo,…. Para nosotros llanto contenido durante el día que por las noches se convertía en lágrimas.
Pero día a día nos íbamos adaptando a la desesperación. Compartiendo sudores. Alguno buscábamos el consuelo en los gritos del paritorio. Cada día seis u ocho niños reemplazaban con su llanto la congoja del lugar. Aunque nacieran más que para vivir para acostumbrarse a sobrevivir.
Atrás quedaron ya las últimas atenciones, el reparto de material en orfanatos y residencias y la despedida en el hospital. Los médicos haitianos habrán recuperado su puesto en las salas y quirófanos, aunque todavía, por un tiempo, chilenos y cubanos les acompañarán en la tarea. Para otros quedará el trabajo de reconstrucción, más difícil y prolongado. En aquel lugar quedó un pedazo de nosotros. Y también vuestro, pues hasta allí llegaron vuestros mensajes de ánimo y apoyo. Generosidad desmedida la de todos. Ahora volveremos a nuestras pequeñas cosas, importantes o no, pero relativas…relativas.
A todos gracias.
07/05/2011 a las 18:53 #57083FranTorrejon wrote:A todos gracias.
Sencillamente…. a vosotros.
07/05/2011 a las 18:54 #57084SALOMON wrote:Si fuisteis allí, es por que sabíais hacerlo.
Enhorabuena y gracias a vosotros.07/05/2011 a las 18:55 #57085chema wrote:SALOMON wrote:Si fuisteis allí, es por que sabíais hacerlo.
Enhorabuena y gracias a vosotros.
Todo se aprende y de todo se aprende.
Esperemos que de esta experiencia podamos aprender a hacer mejor las cosas y a repetir todas aquellas (muchas) que se hicieron bien.
Como ya he dicho es la mejor misión de todas las que he tenido la suerte de ir. El compañerismo, entre nosotros y las demás instituciones, el trabajo realizado, la suerte de tener unos grandes compañeros a la hora del relevo, y la población de allá ha sido lo mejor que hemos tenido.
Creo que de nuestros fallos, que siempre los hay, y de las deficiencias observadas debemos aprender y mejorar. Creo que en un futuro no muy lejano podemos ser el espejo donde se miren los demás pero para eso todos debemos estar a una y dar lo mejor de nosotros, como hemos hecho esta vez.
Creo que no es a nosotros a los que hay que agradecer nada, sino que nosotros somos los que tenemos que estar agradecidos por todo lo que nos ha enriquecido el espíritu. - AutorEntradas
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